
Supongo que es la paciencia
del surfer que espera la ola, supongo que solo debe ser eso. He escrito y
hablado tantas veces acerca de los maravillosos puentes que los grandes
compositores me han dado para mi emoción que me he olvidado de construir mi
propio puente. El puente que lleva de aquí hasta allí. Del ahora mismo al
mañana tierno y amable. He imaginado títulos que luego aparecen en otras obras
y me pregunto si es casualidad, o que quizá no era tan buena idea. Mi cabeza va
dando señales eléctricas constantes y los señores de los puentes me muestran el
camino. A veces mirar desde arriba me da vértigo, y el vértigo siempre ha
estado ahí desde que tengo uso de razón, razón almacenada justo al lado mismo
de esa sensación tan mia que es compañera, amante y constante vital. Esperar. Y
en ese esperar mitigar mi mal carácter, mis constantes cambios de humor que
pagan los míos, y solo se tratan (los cambios) con cordura, con amor y con esa
practica tan poco habitual de cuidarnos los unos a los otros, de envolvernos
con esa virtual manta de burbujas de aire plásticas con las que llegan los
objetos delicados de ultramar. Y no solo vivimos de canciones, de zapatos
bonitos, de novelas impresionantes (ahora mismo obsesionado de nuevo con Pla y
Susan E. Hinton) y de vino increíble. Vivimos de darnos la mano y abrazarnos
cuando la vida nos pone ante el final de los amores más puros. He escrito tanto
acerca de lo de siempre que me parece absurdo, y tiene razón Carles, todos
creen en mi. Menos yo. Pero han sido tantas las agresiones en la piel que a
veces sin más, soy un oso blanco que se defiende por que confunde una mano que
se levanta para darte un abrazo, con la traicionera del cazador desalmado. Sigo
aquí, apoyado en un puente maravilloso, esperando la ola. Mientras me entreno,
mientras les quiero y les escucho bajando la cabeza como un niño chico que sabe
que la regañina es con toda la razón. Escribiré mil veces en el cuaderno: “Eres
muy burro Miqui”.
I will, if you will LOU
COURTNEY