
Hace días que bromeo al
volver de poner discos con la palabra evangelio. Esta semana han sido dos caras
de una misma moneda y el abrigo negro a juego con el maletín daban aspecto de
un viejo predicador, la palabra eran las canciones. Un evangelio particular y
muy mío... Cara A, una taberna a una hora dirección las montañas desde casa, un
señor casi un armario, exjugador de rugby que aparto las mesas de su local y me
pidió una sesión de soul, negra casi azul. Como en esos pubs de mitología
nuestra donde se reúnen entusiastas solo por gozar, solo por la música, solo
para que el negro de las pintas también conjunte con la música. Cero grados,
hielo en la diligencia que me conducía a casa. Honor, y sobretodo buen humor después
de, casi un orgasmo para que al palabra llegar más allá de los clubs viciados
que no visita dia si dia no. Cara B. Alicante parecía un escenario post-apocalíptico
tras una bomba y las excusas son
una causa en el Facebook. Demasiado bien acostumbrados a tener diversión y ocio
a la vuelta de la esquina y casi nada de exigencia, desplazarse es un problema
en la España de la comodidad y de la generalista incultura. Claro que fue bueno
ver a amigos fieles a la causa que a diario sueñan con repartir a base de
tortazos (en la propia cara) la palabra. Cada vez tengo más claro, y les
reconozco por el brillo en los ojos, quienes son los nuestros. Y ante las
constantes amenazas que el camino nos va deparando se tercia llevar en el
interior del abrigo una arma. Y esa arma crece en mi a diario, me hace cada vez
más pequeño al crecer como fiel. Cada que sumo una palabra escrita con maestría
por otros evangelizadores antes, cada vez que una nueva melodía inunda mi mente
y hoy a lunes es momento de recapitular. Las caras de la moneda suman y solo a
veces es un golpe de suerte el que hace que caigan de un lado u otro. Hoy afectan
nuevas dolencias de la edad, sorprenden como siempre las noticias diarias del
mail : clases magistrales a cargo de los pesos pesados de la mal llamada música
alternativa, escritoras mediocres que ahora se inspiran en una guerra mundial
pasa y que da pereza, o la posible captación de los nuevos artistas de mi
Catalunya en manos del “aparato” tal como lo hicieran antaño cuando yo ya me rebelaba
como un puto “outsider”. Venderé mi cuerpo , y no precisamente a la ciencia, cada
vez que haga falta. Puta pero con una biblia de color negro bajo la almohada.
Lunes de reflexión en la villa donde vivimos, el resto es un escenario como la
tormenta de hielo.
The price of love STEVE TiLSTON